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ASTERIO “TELLO” SANTOS PORTALATÍN

Elegía a un patriarca

Por: Dr. José Luis Colón González

De acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el patriarca es una persona que, por su edad y sabiduría, ejerce autoridad en una familia o en una colectividad. Esas dos condiciones -edad y sabiduría- son precisamente las que le otorgan -por derecho propio- el calificativo de “Patriarca” a nuestro querido y siempre recordado Asterio Santos Portalatín, bautizado e inmortalizado por quienes le conocimos, amamos y quisimos, sencillamente como “TELLO”.


Un hombre, hijo, hermano, esposo, padre, abuelo, bisabuelo, vecino, amigo y ciudadano que tuvo la facultad y el don divino de dejar huellas en cada uno de los senderos que la vida le dio la oportunidad de transitar. Fueron muchas las veces que me preguntaba cómo y de dónde emanaba tanto amor y tanta bondad; tanta generosidad como empatía; tanto desprendimiento como solidaridad; tanta devoción como entrega y lealtad, para su familia, su comunidad, sus amigos, su Partido y su patria. La película de su vida, aquella que dio inicios a finales de la difícil década de
1930, y que concluyó hace escasamente una semana, nos ayuda a entender y comprender algunas de las respuestas a dicha interrogante.


Asterio Santos Portalatín, el segundo de una numerosa prole de trece hijos, producto del amor entre Silvio y Toña, vino al mundo un 20 de mayo de 1938, en el barrio Yeguada, en medio de la depresión económica de mayor repercusión mundial durante el siglo XX. Eran tiempos de pobreza extrema, miseria, desolación, analfabetismo y desesperanza. Además de las limitaciones económicas, la madre naturaleza también había pasado factura unos años antes con el embate de los terribles huracanes de San
Felipe, en 1928, y San Ciriaco en 1932. El ambiente político, dominado por la Coalición republicana-socialista, favorecedora y abogada de los grandes intereses, acrecentaba la diferencia de clases de la sociedad puertorriqueña de entonces.


He ahí algunos de los factores que contribuyeron a que, a la corta edad de doce años, Tello tuviera que abandonar la escuela, después de haber obtenido el diploma de sexto grado, para adentrarse en el mundo de los hombres del cañaveral, donde sirvió como “aguador”, para contribuir con el sostén de su familia. A partir de ese momento, sin saberlo, Tello comenzó a construir su patriarcado, porque aun y después de la presencia física de Silvio y de Toña, asumió el rol de padre de sus hermanos y sobrinos hasta el mismo momento de su partida. Sin embargo, esta gran responsabilidad no
amilanó su interés en honrar las palabras del poeta español Antonio Machado, “caminante no hay camino, se hace camino al andar…”


Del cañaveral, pasó a realizar trabajos de albañilería y culminó como operador de equipo pesado antes de entrar a la Universidad. La fe, determinación y los genuinos deseos de superación, le brindaron a Tello la fortaleza necesaria para no dejarse vencer por las limitaciones y los obstáculos. Luego de verse obligado a abandonar la escuela, por voluntad propia, se matriculó en la escuela nocturna, ubicada en el viejo edificio de la Escuela Superior, donde hoy ubican las facilidades de Emergencias
Médicas, desde donde regresaba a su casa a pie durante altas horas de la noche o madrugada, hasta graduarse con honores en 1961. Luego ingresó al Ejército de los Estados Unidos, donde sirvió por breve tiempo. A su regreso, ingresó a la Universidad de Puerto Rico, institución de la que obtuvo un bachillerato en Artes y Ciencias. Por eso, amigas y amigos míos, para Tello no había imposibles, porque lo que obtuvo y logró en su vida, fue a base de sacrificios.


Además de patriarca de su familia, también lo fue de su comunidad. Sin temor a equivocarnos, podemos manifestar que Tello “engendró y construyó” su siempre amada Barriada Sandín, terrenos que conoció y recorrió desde que eran destinados a la agricultura. Por eso, no vaciló en colaborar con los agrimensores que tuvieron a cargo marcar los puntos y la segregación de las parcelas de terreno que repartiría el gobierno de Puerto Rico de aquella época. Como experimentado arquitecto de la vida, no solo participó en la construcción de carreteras de la comunidad, así como de sus
facilidades recreativas, sino que su liderato fue fundamental en la instalación de los servicios básicos de energía eléctrica y agua potable; en asignarle nombre a todas la calles para facilitar el servicio de correo postal y, años más tarde, en la construcción del alcantarillado sanitario. Su devoción por el servicio comunitario lo llevaron a fundar la
primera Asociación Recreativa de la Comunidad, la cual también presidió durante doce años. Simultáneamente, presidió por espacio de una década el Concilio de Asociaciones Recreativas, que incluía -además de Vega Baja- a las organizaciones de Vega Alta, Morovis y Manatí.


La década de 1970 dimensionó la vida de Tello Santos a otro nivel. Ese mismo año, el amor tocó a su puerta, y contrajo nupcias con una extraordinaria mujer, Sara Colón, de cuya union nacieron cuatro hijos: Cynthia, Jatnel, Limaris y Lionel. Junto al amor de Sara, nuestro querido Tello levantó su tercer patriarcado. Luego de medio siglo de convivencia y unidad, es imposible hablar de Tello sin mencionar a Sara, la mujer que
encarna las palabras de la Sagrada Escritura en el libro de Proverbios:


Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida…

Sara no solo brindó amor, bien y felicidad a la vida de Tello, sino que trascendió las fronteras del sentimiento para convertirse en su más fiel amiga, cómplice y conspiradora de todos sus sueños y proyectos, además de sus organizados o a veces improvisados jolgorios. Gracias a la solidaridad y al respaldo de Sara, Tello realizó estudios graduados, obteniendo en 1974 una maestría en Ciencias del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, y otra en Administración y Supervisión en 1986. Estas credenciales profesionales y académicas le permitieron trabajar con maestro y profesor de matemáticas en escuelas públicas, en el Instituto
Tecnológico de Puerto Rico, en la Universidad de Puerto Rico y en la American University. Como en la Parábola del Sembrador, la semilla del amor entre Tello y Sara cayó en terreno fértil, y de sus cuatro hijos, germinó en nueve nietos y ocho bisnietos.


En 1972, luego de aceptar la invitación de su entrañable amigo Luisito Meléndez Cano, Tello fue electo por primera vez asambleísta municipal. Posiblemente nadie imaginó en aquel entonces lo que representaría esa nueva faceta de su vida. Sin temor a equivocarme, puedo asegurarles que desde este cuerpo legislativo no solo descubrió su gran pasión por el servicio público, sino que su estadía en el mismo durante treinta y
seis años consecutivos -de los cuales veinte se desempeñó como presidente- le brindó el enorme privilegio de ser coarquitecto del Vega Baja moderno junto a Luisito, su amigo y hermano del alma.


El Partido Popular Democrático fue el instrumento que le permitió a Tello construir y levantar su cuarto patriarcado. Desde esta trinchera fue que aprendí a conocer, querer, respetar y admirar la egregia figura de este santo varón del barrio Yeguada. De todas sus dimensiones, esta fue la que le ofreció la oportunidad de trascender los límites geográficos de esta amada Vega. Como cuestión de hecho, en el año 2003, fue seleccionado como Hombre Distinguido de Puerto Rico, distinción que le mereció un
reconocimiento y homenaje en el Colegio de Abogados de Puerto Rico.


La entrega, pasión, fidelidad y lealtad al PPD eran, son y serán reconocidas a lo largo y ancho de Puerto Rico. Tello y el Partido Popular nacieron juntos, con apenas dos meses de diferencia. De ahí su defensa absoluta y férrea de sus postulados, porque sabía que ese jíbaro que está representado en su bandera, es el rostro de cientos de miles de puertorriqueños que como él, pudieron abrazar la superación y el progreso para obtener una mejor calidad de vida.


En el umbral de sus ochenta y tres años, el COVID-19 nos arrebató su vida, pero de lo que nada ni nadie podrá privarnos será de su amor entrañable e inigualable por su familia, su comunidad, sus amigos, su partido y su Vega Baja y Puerto Rico queridos; de sus tantas y grandes lecciones de vida; y de su compañía, siempre grata y aleccionadora. Gracias Tello, por enseñarnos que la vida es lucha toda; que el amor supera cualquier diferencia; que el servir es más gratificante que servirse; y que la lealtad es el más grande de los principios.


En medio del vacío y de la tristeza que representa tu inesperada partida, nos consuela saber que has recibido el más grande tributo y la más excelsa recompensa que anhela todo ser humano: ser llamado a la vida eterna. En esa que como escribió nuestra poeta Carmen Rivera de Alvarado, “no hay llanto, dolor ni tristeza porque yaces en dulce sueño permanente”. Hoy, con lágrimas en los ojos y con el corazón contraído, celebramos tu vida por lo mucho y lo bueno que nos diste y nos dejaste. ¡Hasta luego,
PATRIARCA!

Dr. José Luis Colón González

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